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El son en México En Veracruz se tejen historias acompañadas de música, baile y canto, que cuentan episodios y momentos del pueblo; sus amores y sus mujeres así como su contexto y la naturaleza que los rodea. Historias que parecen haber sido sacadas de un libro mágico. Al escuchar uno de esos sones te transportas a su mundo: el del campesino arando sus tierras, con el sombrero en la mano, mirando para dónde arranca; al del pescador en la batalla diaria por los juiles y el róbalo blanco. Madera, madera... ese olor a madera de los hombres que escarban los troncos para hacer sus instrumentos: Entera quisiera ser enterita una jarana para que tu mano santa me tocara con el alma. Esas cuerdas que mueven los pies de las mujeres y llegan al corazón de los fandangueros: Cuando yo llego a un fandango hasta retumba la tierra águilas vayan volando que vengo buscando guerra. El olor de la tierra , el color de la naturaleza es lo que les inspira; lo suyo... la caña: que yo soy como la caña que me queman y no muero Sus raíces -las danzas indígenas, el color y el ritmo negro, y las cuerdas y bailes andaluces-, sembradas ahí, donde sus semillas, florecen al son del "Chuchumbé", "La indita", "El siquisirí"... La magia de los fandangos envuelve todos estos elementos que hacen de lo cotidiano un son que sorprende, asombra y expresa la esencia de la raza jarocha, que es única, diferente y maravillosa. El origen del son se remonta al siglo XVI, aunque es durante el siglo XVII que ciertos valores considerados ya mexicanos adquirieron mayor importancia. El conjunto de eventos festivos incluía imágenes, música, bailes y vestido, que pasaron a formar parte de las tradiciones mexicanas. Sus raíces indígena, hispana y africana, junto con sus propios rasgos culturales, fue lo que les dio identidad. La noción de lo popular cobró especial importancia y se hizo un elemento de división entre lo que era criollo, mestizo y español; de esta manera, la cultura popular comenzó a representarlos como pueblo, a diferenciarlos y caracterizarlos. Esta identidad abarcó valores, ideas, religión, el idioma español o castellano, a la vez que festejos y costumbres populares. Estas fiestas, a través de su música y danza, han reflejado y recreado la vida del pueblo a lo largo de la historia. Los cantos, las danzas e invocaciones son, de hecho, su forma de expresión. Por tal causa su significado es siempre histórico. El festejo se convierte en un momento de encuentro entre la gente que participa, de toma de conciencia en cada una de las personas que están ahí, además del hecho evidente que es el de divertirse y compartir. Estas fiestas, además de contar con las raíces de las que ya hablamos , tienen sus rasgos locales. Dentro de estas características particulares está el canto popular, que habla del presente del pueblo, o ranchería, y su contexto. Las canciones y, en este caso, los sones, se hacen populares en el momento en que la gente las acepta y las canta. Cabe mencionar que los sones no son canciones, pues nunca se cantan igual; los versos varían y los músicos también. Se vuelve canción cuando su uso es de tipo comercial. Algunas veces esta música desaparece con el tiempo y las que permanecen se vuelven tradicionales y hasta folklóricas. La canción folklórica tiene su sustento en la tradición, que considera toda la carrera histórica, mientras la popular sólo el momento específico de un pueblo. La música popular se transmite de generación en generación, de manera oral o por imitación. Así, es raro encontrar registros por escrito, y por tal razón se ha ido perdiendo. Esta circunstancia también encuentra causas en la urbanización. Actualmente se han rescatado algunas tradiciones y sones, y éstos se están volviendo a interpretar en diversas latitudes del país; tal es el caso del sur de Veracruz. El son, género musical al que se le ha catalogado como el conjunto de músicas populares de América Central, y que, de acuerdo a su ubicación geográfica, muestra rasgos y elementos propios, existe en diversas partes de México (en las diferentes regiones y estados de la República, cada una con sus repertorios e interpretaciones) y de América Latina. Las regiones en donde se da el son en México van desde la planicie de la costa de Veracruz; la Huasteca, que comprende Hidalgo, Puebla, San Luis Potosí y Veracruz; la tierra caliente de Michoacán; el Istmo de Tehuantepec en Oaxaca, y las subregiones abajeña y alteña en Jalisco, cada una con diversos estilos y modalidades, tanto en la música y los instrumentos, como en la danza y sus coreografías y vestuarios. Cristina Estrada Maurín |
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